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Guía para acompañar

Alguien que quiero no está bien después del terremoto

Usted no necesita ser psicólogo para ayudar. La mayor parte de lo que sirve en estos días no es técnico: es estar, escuchar y resolver lo básico. Esta guía le dice qué mirar, qué hacer, qué evitar y en qué momento hay que buscar ayuda sin esperar.

Si prefiere hacer algo ahora mismo

Esta guía es para leer con calma. Si lo que necesita es actuar ya, hay dos caminos más directos: repasar una por una las señales de esa persona y recibir orientación, o enviarle la prueba para que la responda ella misma.

Nota importante: ninguna de las dos cosas es un test que usted pueda «aplicarle» a otro adulto. Los cuestionarios de malestar están hechos para que cada quien responda sobre sí mismo, y contestados por otra persona el resultado no significa nada. Lo que sí sirve —y es lo que hay aquí— son señales que usted puede observar. En niños es distinto: lo que informa un cuidador sí es una fuente válida.

Señales que conviene mirar en un adulto

Que aparezcan uno o dos días no es alarmante: casi todo el mundo tiene alguna estos días. Preocupa cuando se sostienen más de dos semanas, cuando van empeorando o cuando le impiden funcionar.

En el cuerpo y el día a día

  • Lleva varias noches sin dormir o se despierta sobresaltado
  • Dejó de comer, o come sin parar
  • No se levanta, no se baña, dejó de hacer lo que hacía
  • Se sobresalta con cualquier ruido, no puede quedarse quieto
  • Dolores de cabeza, del estómago o del pecho que antes no tenía
  • Está bebiendo más que antes, o empezó a hacerlo

En cómo está y cómo trata a los demás

  • Irritable, salta por cosas pequeñas, discute como no lo hacía
  • No habla, o al revés: no puede hablar de otra cosa que del sismo
  • Parece ausente, como desconectado, «no está ahí»
  • Se aisló: no contesta, no quiere ver a nadie
  • Llora sin poder parar, o dice que no siente nada
  • No está pudiendo cuidar de sus hijos o de sí mismo

Esto no espera. Busque ayuda hoy mismo

Qué hacer: quédese con la persona, no la deje sola, retire lo que pueda hacerle daño y llame al 106. Si el riesgo es inmediato, al 123. Hablar del tema de frente no le mete la idea a nadie: preguntarlo con calma alivia.

Qué ayuda de verdad

El esquema de los Primeros Auxilios Psicológicos de la Organización Mundial de la Salud se resume en tres cosas: mirar, escuchar y conectar.

  1. Resuelva primero lo básico

    Agua, comida, un lugar seguro donde dormir, medicamentos, saber dónde están los familiares. Nadie procesa nada emocional con sed, sin dormir y sin noticias de los suyos. Esto no es «antes de» la ayuda psicológica: es la ayuda psicológica en los primeros días.

  2. Esté presente sin exigir

    Siéntese al lado. Ofrezca agua, un café, una cobija. El silencio acompañado ayuda más de lo que parece. No hace falta encontrar la frase correcta: no existe.

  3. Escuche sin interrumpir y sin arreglar

    Si quiere hablar, escuche. No corrija los detalles, no compare con otros casos, no salte a dar soluciones. Sirve más un «qué difícil lo que estás pasando» que cualquier consejo.

  4. Dé información cierta y concreta

    Dónde hay agua, dónde atienden, cómo va la búsqueda, qué se sabe y qué no. La incertidumbre es de lo que más angustia. Si no sabe algo, dígalo en vez de inventar para tranquilizar.

  5. Conéctelo con su gente

    Ayúdele a comunicarse con familiares, vecinos, su iglesia, su comunidad. La red propia sostiene mucho más que cualquier persona de fuera, incluido un profesional.

  6. Ayúdele a recuperar la rutina

    Comer a las horas, dormir a la misma hora, una tarea sencilla al día. La rutina es lo que le enseña al cuerpo que el peligro pasó.

Qué es mejor no hacer

  • «Estoy aquí, me quedo contigo»
  • «No tienes que contarme nada si no quieres»
  • «Lo que sientes tiene sentido después de lo que pasó»
  • «¿Qué necesitas ahora mismo?»
  • Preguntar directamente si tiene ideas de hacerse daño

No

  • Obligar a contar lo que pasó «para desahogarse». Forzar el relato en los primeros días no ayuda y puede dejar a la persona peor
  • «Gracias a Dios están vivos», «a otros les fue peor». Consuela a quien lo dice, no a quien lo oye
  • «Ya tienes que estar mejor», «hay que ser fuerte»
  • Prometer lo que no depende de usted
  • Dejar la televisión con las imágenes del sismo puesta todo el día
  • Insistir con consejos que nadie pidió

Si es un niño o un adolescente

Los niños no dicen «estoy angustiado»: lo muestran en el cuerpo, en el juego y en la conducta. Y leen el estado de los adultos antes que sus palabras.

Hasta los 5 años

Entre 6 y 12 años

Adolescentes

Qué hacer con ellos

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Y usted, ¿cómo está?

Quien cuida también se desgasta, y suele ser el último en darse cuenta. Si lleva días sosteniendo a otros, durmiendo mal y aguantando para no preocupar a nadie, eso tiene un límite.

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